InvestigaciónFisiología08 de oct de 2026
En ratones obesos, siete días de entrenamiento de fuerza achican las células de grasa visceral sin bajar de peso
En ratones machos obesos por dieta alta en grasa, siete sesiones de entrenamiento de fuerza redujeron la masa de grasa mesentérica y el tamaño de sus adipocitos frente a ratones obesos sedentarios, sin cambios en el peso corporal. El ejercicio reactivó la maquinaria que suelta la grasa almacenada. Es un estudio en animales: falta confirmarlo en personas.
Qué se hizo
Un equipo de la Universidad Estatal de Campinas (Brasil) alimentó a ratones Swiss machos con una dieta alta en grasa (35 % de grasa) durante catorce semanas hasta volverlos obesos. Después los dividió: unos siguieron sedentarios y otros hicieron siete días de entrenamiento de fuerza. Todos siguieron comiendo la misma dieta alta en grasa, para que la única diferencia fuera el ejercicio.
El ejercicio imita el levantamiento de pesas: el ratón sube una escalera de unos 70 cm con un peso sujeto a la cola. Cada sesión fue al 70 % de su carga máxima, con unas 20 subidas y descansos de 60 a 90 segundos. Se compararon también con ratones delgados de dieta normal.
El estudio se fijó en la grasa mesentérica, la que rodea el intestino, que en el ratón es la equivalente más cercana a la grasa visceral humana, la que más se asocia a riesgo metabólico.
Qué encontraron
Frente a los ratones obesos sedentarios, los entrenados tuvieron:
- menos masa de grasa mesentérica y adipocitos más pequeños;
- el mismo peso corporal al final de la semana;
- más actividad de la maquinaria que libera la grasa guardada (la lipólisis (rotura de los triglicéridos guardados en el adipocito en ácidos grasos y glicerol, que salen a la sangre para usarse como combustible)).
Para entender el hallazgo molecular hay que ver cómo se suelta la grasa. El triglicérido está guardado en una gota rodeada por una proteína «tapa», la perilipina 1 (proteína que recubre la gota de grasa; mientras no está fosforilada la protege de las enzimas y retiene a su coactivador). Cuando la célula recibe la señal de movilizar energía, la perilipina se fosforila, se «abre» y deja libre a ABHD5 (proteína coactivadora que, al soltarse de la perilipina, se une a la lipasa ATGL y multiplica su actividad). Esta activa a la ATGL (lipasa de los triglicéridos del adipocito, la enzima que da el primer corte al triglicérido), y luego la HSL (lipasa sensible a hormonas, que sigue cortando la molécula; se activa al fosforilarse) continúa el trabajo.
En la obesidad este eje se apaga: baja el ABHD5 y el adipocito tiende a guardar más que a soltar. En los ratones entrenados:
- aumentó el ABHD5, tanto su gen como la proteína;
- aumentaron las formas fosforiladas (activas) de la perilipina 1 y de la HSL, señal de lipólisis encendida.
Además, la obesidad enriqueció la grasa en ácidos grasos monoinsaturados, y la expresión de la enzima que los fabrica (SCD1 (estearoil-CoA desaturasa 1, que convierte grasas saturadas en monoinsaturadas para almacenarlas)) se asoció al sedentarismo. El entrenamiento también cambió dos enzimas que remodelan la matriz que rodea a los adipocitos (MMP (metaloproteinasas de matriz, enzimas que cortan el colágeno y otras proteínas del andamiaje del tejido)): bajó la actividad de la 2 y subió la de la 9. Los autores lo leen como una reorganización adaptativa del tejido y no como fibrosis.
Qué significa y qué no
En ratones obesos, una semana de fuerza ya cambia el tejido graso visceral aunque el peso no se mueva.
- Los grupos se comparan entre sí: los entrenados tienen menos grasa mesentérica frente a los sedentarios, no se midió una «bajada» dentro del mismo animal.
- Que el ABHD5 suba a la vez que se achica el adipocito es una asociación; los autores proponen que este eje explique el efecto, pero el estudio no lo prueba bloqueándolo.
- El número de animales por grupo y el tamaño exacto del cambio no se pudieron confirmar en el resumen publicado.
- Los autores sugieren el entrenamiento de fuerza como estrategia sin fármacos contra la disfunción de la grasa visceral; hacen falta estudios en humanos para afirmarlo.
La fuente
ScienceDaily
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