InvestigaciónEpidemiología16 de oct de 2026
Cirugía de corazón y tórax: las escalas de riesgo casi nunca miran la salud mental, según una revisión sistemática
Una revisión sistemática firmada desde Stanford y la Universidad de los Andes (Bogotá) cribó 17.986 artículos y solo encontró 9 estudios, con 17 modelos, que metieran un trastorno mental en las fórmulas que predicen cómo le va a un paciente tras una cirugía cardiotorácica. La depresión fue la variable más usada (8 modelos) y ningún modelo se validó en personas con trastorno mental.
Qué se hizo
Antes de abrir el tórax de alguien, se calcula cuánto riesgo tiene esa operación. Eso se hace con un modelo de predicción de riesgo (fórmula construida con datos de miles de pacientes operados antes; mete los datos del paciente de hoy (edad, función del riñón, tipo de cirugía…), les da a cada uno un peso según cuánto pesó en aquellos miles, y devuelve una probabilidad de morir o de complicarse). El más conocido en cirugía cardiaca es el EuroSCORE (escala europea de riesgo quirúrgico cardiaco, segunda versión; la más usada para estimar la mortalidad hospitalaria antes de operar el corazón).
La pregunta de este trabajo es sencilla y molesta: ¿esas fórmulas miran la salud mental? Un equipo de la Universidad de Stanford, con firma colombiana de la Universidad de los Andes (Bogotá), hizo una revisión sistemática siguiendo PRISMA (guía internacional que fija qué tiene que contar una revisión sistemática —búsqueda, criterios, cribado, pérdidas— para que otro equipo pueda repetirla y juzgarla). Buscaron en PubMed y Embase el 11 de septiembre de 2025 y registraron el plan por adelantado en PROSPERO (registro público internacional donde se anota el protocolo de una revisión antes de empezar; como queda con fecha, impide cambiar los objetivos a mitad de camino cuando los resultados no gustan).
Entraban los estudios que crearan o validaran un modelo para predecir resultados tras cirugía cardiotorácica en adultos, y que o bien usaran un trastorno mental como covariable (cada dato del paciente que entra en la fórmula y recibe un peso propio; cambiar las covariables cambia el modelo entero), o bien probaran el modelo en pacientes con ese trastorno. Los datos se extrajeron con CHARMS (lista de comprobación que ordena qué sacar de cada estudio de modelos predictivos: población, predictores, resultado, tamaño de muestra y qué se hizo con los datos que faltan) y la calidad se juzgó con PROBAST (herramienta que revisa si un modelo se construyó de forma creíble: cómo se eligieron los pacientes, cómo se midieron predictores y resultado, y cómo se analizó; si algo cojea, el riesgo de sesgo es alto) en su versión con inteligencia artificial. La síntesis fue cualitativa: no hubo metaanálisis.
Qué encontraron
- De 17.986 artículos cribados quedaron 9 estudios, que entre todos describían 17 modelos distintos.
- La depresión fue el trastorno mental que más entró en las fórmulas: aparecía en 8 de los 17 modelos.
- Cuando el trastorno mental sí entraba, su asociación con el resultado era de un tamaño comparable al de factores clínicos ya aceptados en estas escalas.
- Los resultados que más se modelaron fueron el reingreso hospitalario y la depresión posoperatoria. Ojo con el segundo: ahí el trastorno mental no es el predictor, es lo que se quiere predecir.
- Ningún estudio validó un modelo específicamente en pacientes con trastorno mental.
- Tres estudios tenían alto riesgo de sesgo. Y qué variables se elegían y qué resultado se predecía variaba mucho de un trabajo a otro.
| Qué se contó | Cuánto |
|---|---|
| Artículos cribados | 17.986 |
| Estudios incluidos | 9 |
| Modelos distintos descritos | 17 |
| Modelos con depresión como variable | 8 |
| Estudios con alto riesgo de sesgo | 3 |
| Modelos validados en pacientes con trastorno mental | 0 |
Cómo se compara con lo que ya se sabía
El EuroSCORE se construyó con 22.381 pacientes operados del corazón en 154 hospitales de 43 países, y sus variables son clínicas y anatómicas: edad, sexo, clase funcional, enfermedad arterial fuera del corazón, función del riñón y del pulmón, tipo y urgencia de la cirugía. Funciona bien para lo que mide: en su muestra de validación predijo un 3,95 % de mortalidad frente a un 4,18 % real, con una AUC (área bajo la curva ROC, un número de 0,5 a 1 que mide la discriminación: la probabilidad de que el modelo le dé más puntaje a quien sí tuvo el desenlace que a quien no; 0,5 es tirar una moneda) de 0,81. La salud mental, sencillamente, no está en su lista.
Y no está por falta de motivo: en cardiopatía isquémica, una revisión Cochrane de 35 ensayos con 10.703 personas encontró que las intervenciones psicológicas no redujeron la mortalidad total (riesgo relativo 0,90; intervalo de confianza del 95 % de 0,77 a 1,05) pero sí se asociaron a un 21 % menos de mortalidad cardiaca (riesgo relativo 0,79; de 0,63 a 0,98), con certeza baja. Lo psicológico y lo cardiaco se tocan; cuánto y por qué camino, sigue sin estar claro.
Qué significa y qué no
Esto es una revisión sistemática cualitativa de modelos, no un estudio de pacientes: no hay aquí un «riesgo de morir» nuevo ni una escala corregida que puedas usar mañana. Tampoco demuestra que meter la depresión en el EuroSCORE mejoraría nada; eso es justo lo que falta medir, el valor predictivo incremental (cuánto gana un modelo al añadirle una variable nueva, comparando el modelo con y sin ella; muchas variables se asocian al desenlace y aun así no mejoran la predicción, porque su información ya la daban otras variables).
Con 9 estudios para toda la cirugía cardiotorácica, tres de ellos con alto riesgo de sesgo y cero validaciones en pacientes con trastorno mental, la evidencia es escasa y desigual. Los autores proponen tres deberes: medir ese valor incremental, validar los modelos en personas con trastorno mental y mirar cómo se cruza la salud mental con los factores sociodemográficos.
Si una variable nunca se mide, nunca sale en el modelo; y si nunca sale en el modelo, parece que no importa. La ausencia de la salud mental en las escalas de riesgo quirúrgico es, por ahora, un vacío de estudio, no una prueba de que no cuente.
Fuentes del contexto
- Nashef SAM, Roques F, Sharples LD, Nilsson J, Smith C, Goldstone AR, et al. EuroSCORE II. Eur J Cardiothorac Surg. 2012;41(4):734-44. https://doi.org/10.1093/ejcts/ezs043
- Richards SH, Anderson L, Jenkinson CE, Whalley B, Rees K, Davies P, et al. Psychological interventions for coronary heart disease. Cochrane Database Syst Rev. 2017;4(4):CD002902. https://doi.org/10.1002/14651858.CD002902.pub4
La fuente
PubMed · Colombia
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